El maltrato entre iguales es una lacra, con la que todos que todos estamos de acuerdo, es necesario acabar. El problema está en el cómo,
Después de leer el texto de Cristina de Barrio y otros deduzco que las dificultades son muchas, pero no por eso hemos de dejar de intentarlo.
Los autores hacen un análisis de causas, situaciones personales, etc. en los casos de maltrato entre iguales y de los distintos tipos de intervención y sus objetivos.
Las intervenciones van desde las punitivas a las preventivas y educativas o a las que tienen además en cuenta los sentidos (Torrego).
Claro que hoy estamos más de acuerdo con aquellos que tienen como fin lo preventivo y educativo y si además añaden la preocupación por los sentimientos, la mejora de relaciones, la implicación de todas las partes del sistema educativo y tienen carácter individual y global estamos todavía más de acuerdo.
En toda intervención, lo mismo que en todo proceso educativo hemos de seguir las fases que nos permitan llegar al final esperado por eso lo primero es tomar conciencia de que existen los maltratos (sin callarlos para mantener “el buen nombre del Centro” y sin justificarlos “porque existieron siempre” o “porque son cosas de niños”).
Una vez concienciados de su existencia hemos de decidir el tipo de actuación, abandonado tópicos y teniendo en cuenta que este tipo de agresión es grupal y se produce en un contexto determinado, que sus causas son múltiples y que cada caso es distinto porque los individuos, o el individuo, la victima, y el Centro son distintos.
Por esto aunque los distintos programas o tipos de intervención o los profesionales nos muestran posibilidades generales de actuación hemos de saber elegir las más idóneas para muestro Centro y para nuestra aula.
El aula es el lugar más importante de actuación cobre todo si tenemos en cuenta que en secundaria la mayoría de las agresiones se producen el ella (en los cambios de clase, por ejemplo) y que es difícil en los casos más graves, especialmente, que sean percibidas por el profesor.
Las actuaciones han de ir dirigidas al mejor entendimiento entre alumnos, con su colaboración, poco también han de ir dirigidas a los profesores (que han de sr sensibles y analizar su forma de comportamientos) e incluso a las familias para que todos mantengan buena relación y todos incidan en las mismas formas de actuación.
Naturalmente la figura del tutor, como siempre, es básica, ya que él es quien puede coordinar todos los campos de actuación y es quien conoce mejor a todos los que conforman ese campo de actuación.
Por último hemos de evaluar las intervenciones.
Son muchos los autores que han visto que las intervenciones influyen poco a nada en la disminución de la agresividad entre iguales e incuso han visto que en alguno casos ha aumentado el número de víctimas.
En España los programas SAVE, “Educación para la Tolerancia” y “Prevención de la Violencia en los Jóvenes” han sido evaluados positivamente porque han conseguido disminuir el número de víctimas y además han creado mejor clima de relación en las aulas.
Otros programas no han conseguido disminuir el número de víctimas (incluso a veces la aumentado) pero siguen considerándose positivos porque mejora la relación de los alumnos en el Centro y en el Aula y además, como todas las actuaciones docentes o no, de carácter cooperativista permite que las víctimas se dejen ayudar y cuenten a sus compañeros “ayudantes” sus agresiones.
Hay dos “inconvenientes” o críticas que se hacen a esta intervención y que me han llamado la atención porque yo entendía que iban ya implícitas en los programas:
Una es que los alumnos 2ayudantes” son vistos por sus compañeros como privilegiados, y con razón. Hay que dar siempre a todos los alumnos todas las posibilidades de formación y participación, por tanto considero que todos deben de poder ser ayudantes de acuerdo con criterios establecidos.
La otra crítica hace referencia al tiempo. Considero que si todo cambio supone modificaciones, una vez analizada su necesidad y las formas de actuación, unos programas como estos necesitan también de un tiempo y por tanto la evaluación ha de realizarse sobre un tramo largo, aunque en medio se vayan calibrando actuaciones parciales y se vaya mejorado lo que sea preciso.
miércoles, 13 de junio de 2007
MALTRATO POR DE PODER ENTRE ESCOLARES, ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?
El tema es complejo. Desde los casos más frecuentes y menos graves: hablar mas a espaldas, poner motes, etc., a los más graves y también menos frecuentes. Se producen en todos los centros (los primeros, parecen más frecuentes en los centros privados) y los agresores pertenecen a cualquier estrato social. Las estadísticas (Informe Defensor del Pueblo) acaban con los tópicos de agresores con familias desestructuradas, hijos de padres agresores, etc.
Lo cierto es que los agresores están ahí, quizá porque tienen que lograr se estatus social, quizá porque necesitan ser lideres… Pero necesitan del grupo. Sus actuaciones son planeadas, en grupo e en un contexto determinado y los compañeros e incluso a veces los centros o los profesores las justifican porque han ocurrido siempre, o por envidia de los agresores, o por el aumento de la violencia social, etc.
El agredido, la víctima pierde su autoestima, tiene miedo, siente soledad y vergüenza, no quiere contarlo y por tanto no recibe ayuda, aunque busca la de sus compañeros y amigos, si lo cuenta.
Los profesores, a veces, saben lo que ocurre, pero el Centro les pide silencio o los culpa.
Todos son dificultades y como siempre el agresor se crece y la victima se empequeñece y no nos alarmamos hasta que no llegamos a casos graves de palizas y golpes o a casos extremos de suicidio.
Pero a la victima le quedan secuelas, que a veces son imposibles de superar, que lo pueden convertir en un resentido o, en el mejor de los casos, lo pueden llegar a ser comprensivos e indulgente con los demás. No quiere mantener la actitud que tuvieron con él.
EL texto habla de prevención fomentando el compañerismo y estableciendo normas claras de convivencia en las aulas pactadas por profesores y alumnos.
Una de las prácticas propuestas de prevención que creo que me llamó la atención por su posible eficación es la de crear grupos de apoyo entre los propios alumnos.
Los alumnos, por su generosidad propia de la edad, suelen ayudar al profesor cuando este les pide ayuda o algo necesario que precisa de su responsabilidad y muestra su confianza en el alumno. Además el alumno confía en su compañero y amigo.
Si hay alumnos preparados para ser intermediarios, posiblemente disminuiría el número de casos de maltrarto escolar y las víctimas tendrían a quien confiar su situación para que alguien pudiese ayudarles ya, a partir del primer momento.
Creo que hay que ser absolutamente intolerante con cualquier tipo de violencia y me preocupa mucho la violencia en los centros de educación porque hablamos de niños y los niños deberían ser todos felices y no ser violentos, ni tener enfermedades, ni nada que pudiese mermar su felicidad.
Todos tenemos la obligación de enseñar a los niños a ser tolerantes y comprensivos con el que es distinto. Deberíamos enseñarlos a ayudar a los demás y fomentar la solidaridad por encima de miedos y de cualquier otra consideración.
Lo cierto es que los agresores están ahí, quizá porque tienen que lograr se estatus social, quizá porque necesitan ser lideres… Pero necesitan del grupo. Sus actuaciones son planeadas, en grupo e en un contexto determinado y los compañeros e incluso a veces los centros o los profesores las justifican porque han ocurrido siempre, o por envidia de los agresores, o por el aumento de la violencia social, etc.
El agredido, la víctima pierde su autoestima, tiene miedo, siente soledad y vergüenza, no quiere contarlo y por tanto no recibe ayuda, aunque busca la de sus compañeros y amigos, si lo cuenta.
Los profesores, a veces, saben lo que ocurre, pero el Centro les pide silencio o los culpa.
Todos son dificultades y como siempre el agresor se crece y la victima se empequeñece y no nos alarmamos hasta que no llegamos a casos graves de palizas y golpes o a casos extremos de suicidio.
Pero a la victima le quedan secuelas, que a veces son imposibles de superar, que lo pueden convertir en un resentido o, en el mejor de los casos, lo pueden llegar a ser comprensivos e indulgente con los demás. No quiere mantener la actitud que tuvieron con él.
EL texto habla de prevención fomentando el compañerismo y estableciendo normas claras de convivencia en las aulas pactadas por profesores y alumnos.
Una de las prácticas propuestas de prevención que creo que me llamó la atención por su posible eficación es la de crear grupos de apoyo entre los propios alumnos.
Los alumnos, por su generosidad propia de la edad, suelen ayudar al profesor cuando este les pide ayuda o algo necesario que precisa de su responsabilidad y muestra su confianza en el alumno. Además el alumno confía en su compañero y amigo.
Si hay alumnos preparados para ser intermediarios, posiblemente disminuiría el número de casos de maltrarto escolar y las víctimas tendrían a quien confiar su situación para que alguien pudiese ayudarles ya, a partir del primer momento.
Creo que hay que ser absolutamente intolerante con cualquier tipo de violencia y me preocupa mucho la violencia en los centros de educación porque hablamos de niños y los niños deberían ser todos felices y no ser violentos, ni tener enfermedades, ni nada que pudiese mermar su felicidad.
Todos tenemos la obligación de enseñar a los niños a ser tolerantes y comprensivos con el que es distinto. Deberíamos enseñarlos a ayudar a los demás y fomentar la solidaridad por encima de miedos y de cualquier otra consideración.
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