El tema es complejo. Desde los casos más frecuentes y menos graves: hablar mas a espaldas, poner motes, etc., a los más graves y también menos frecuentes. Se producen en todos los centros (los primeros, parecen más frecuentes en los centros privados) y los agresores pertenecen a cualquier estrato social. Las estadísticas (Informe Defensor del Pueblo) acaban con los tópicos de agresores con familias desestructuradas, hijos de padres agresores, etc.
Lo cierto es que los agresores están ahí, quizá porque tienen que lograr se estatus social, quizá porque necesitan ser lideres… Pero necesitan del grupo. Sus actuaciones son planeadas, en grupo e en un contexto determinado y los compañeros e incluso a veces los centros o los profesores las justifican porque han ocurrido siempre, o por envidia de los agresores, o por el aumento de la violencia social, etc.
El agredido, la víctima pierde su autoestima, tiene miedo, siente soledad y vergüenza, no quiere contarlo y por tanto no recibe ayuda, aunque busca la de sus compañeros y amigos, si lo cuenta.
Los profesores, a veces, saben lo que ocurre, pero el Centro les pide silencio o los culpa.
Todos son dificultades y como siempre el agresor se crece y la victima se empequeñece y no nos alarmamos hasta que no llegamos a casos graves de palizas y golpes o a casos extremos de suicidio.
Pero a la victima le quedan secuelas, que a veces son imposibles de superar, que lo pueden convertir en un resentido o, en el mejor de los casos, lo pueden llegar a ser comprensivos e indulgente con los demás. No quiere mantener la actitud que tuvieron con él.
EL texto habla de prevención fomentando el compañerismo y estableciendo normas claras de convivencia en las aulas pactadas por profesores y alumnos.
Una de las prácticas propuestas de prevención que creo que me llamó la atención por su posible eficación es la de crear grupos de apoyo entre los propios alumnos.
Los alumnos, por su generosidad propia de la edad, suelen ayudar al profesor cuando este les pide ayuda o algo necesario que precisa de su responsabilidad y muestra su confianza en el alumno. Además el alumno confía en su compañero y amigo.
Si hay alumnos preparados para ser intermediarios, posiblemente disminuiría el número de casos de maltrarto escolar y las víctimas tendrían a quien confiar su situación para que alguien pudiese ayudarles ya, a partir del primer momento.
Creo que hay que ser absolutamente intolerante con cualquier tipo de violencia y me preocupa mucho la violencia en los centros de educación porque hablamos de niños y los niños deberían ser todos felices y no ser violentos, ni tener enfermedades, ni nada que pudiese mermar su felicidad.
Todos tenemos la obligación de enseñar a los niños a ser tolerantes y comprensivos con el que es distinto. Deberíamos enseñarlos a ayudar a los demás y fomentar la solidaridad por encima de miedos y de cualquier otra consideración.
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